Editorial - Selvas y Biodiversidad

Mil maneras del Buen Vivir: Caminos comunitarios para la gestión territorial

“Debemos con mucho empeño,
transformar y reconstruir,
la relación justa con la tierra
y sus mil maneras del Buen Vivir”. Fernando Salazar (Texto banner)

Cita en banner por Fernando Salazar.1

Artículo escrito por: Daniela Mendoza Olarte

En los territorios se escuchan voces que insisten en que otra forma de habitar la tierra es posible. Voces que nacen de la memoria, del cuidado cotidiano y de una relación profunda con la vida. Mil maneras del Buen Vivir es una campaña que recoge esos caminos comunitarios de gestión territorial, donde la tierra no es un recurso, sino un tejido vivo que se cuida, se defiende y se habita desde la diversidad, la autonomía y la esperanza.

Así resuenan las voces de quienes habitan y cuidan los territorios, voces que hoy nos invitan a detenernos, escuchar y repensar la relación que hemos tejido con la tierra, con  palabras que nacen de la experiencia y la memoria viva que insiste en que otra forma de habitar es posible.

Es precisamente en ese ejercicio donde toma forma la campaña comunicativa Mil maneras del Buen Vivir, inspirada en el caminar por las montañas, en la espiritualidad que vive en los territorios, en el alimento sano y en el contacto con los saberes que cuidan la vida.

Con la campaña buscamos articular para visibilizar y reconocer la diversidad de caminos que existen cuando se pone la vida en el centro, pues partimos de la certeza de que en lo diverso está el potencial y de que en lo distinto se encuentran muchas de las respuestas que hoy necesitamos. Y es que, habitando territorios marcados por una enorme diversidad de culturas, ecosistemas y formas de vida, resulta evidente que no puede existir una sola forma de “desarrollo”2.

Reconocer la diversidad implica hacer un reconocimiento a la resistencia cotidiana de las comunidades, a esa terquedad que las mantiene firmes en sus territorios, defendiendo sus modos de vida, sus saberes y sus prácticas de cuidado, aun cuando las presiones externas insisten en imponer modelos ajenos a sus realidades.

Hablando de presiones sobre los territorios, también son miles las que existen, pues a los territorios llegan muchos proyectos presentados como oportunidades de desarrollo, empleo, reubicación a mejores condiciones, que al final profundizan el despojo y la ruptura del relacionamiento cultural con la tierra. 

Hoy, a las viejas promesas del extractivismo se suman otras, más recientes y pintadas de verde, que  plantean que se puede “pagar a las comunidades por no hacer nada” y dejar el bosque “quietico”, corriendo el riesgo de invisibilizar las formas cotidianas en que las comunidades se han relacionado históricamente con su territorio, y de reforzar la falsa idea de que la conservación pasa por sacar a la gente del territorio.

Esta visión de conservación estricta3 en el marco de la gestión territorial, ha reducido las selvas a categorías, cifras y políticas desconectadas de la vida, desconociendo que el cuidado de estos ecosistemas también ha sido posible junto con las comunidades que los habitan, quienes desde sus historias, espiritualidades, formas de organización y trabajo cotidiano han asumido el papel de guardianas, sosteniendo la vida en su conjunto, y garantizando tanto la permanencia de los ecosistemas como la continuidad cultural de los pueblos.

En ese sentido, algunos investigadores han encontrado que los bosques comunitarios pueden ser, al menos, igual de efectivos e incluso más eficaces que las áreas protegidas en la reducción de la deforestación a escala pantropical, (Porter-Bolland (2012). Los territorios gestionados por comunidades locales albergan una gran parte de la biodiversidad del planeta y muestran mayores índices de conservación que las áreas protegidas bajo modelos estatales convencionales.  Por ejemplo, en el Informe deEvaluación Global de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos, publicado en 2019, se menciona que la biodiversidad disminuye con menor velocidad en las tierras gestionadas por pueblos indígenas y comunidades locales en comparación con otros lugares del mundo, pese a estar sometidas a presiones cada vez mayores sobre sus territorios.

Adicionalmente, a partir del análisis de información geoespacial, Garnett et al. (2018), demostraron que los pueblos indígenas manejan o se distribuyen sobre 38 millones de km² en 87 países, lo que equivale aproximadamente a una cuarta parte de la superficie terrestre, resaltando así la importancia de reconocer sus derechos sobre la tierra y de fortalecerlos como actores  fundamentales para las acciones de conservación.

Al hablar de gestión territorial, cobra especial sentido la frase que comparte Brayan4, de la Finca Amazónica: “Nos han dicho que dependemos de la ciudad, eso hay que cambiarlo”, pues allí se expresa una de las claves de la gestión territorial comunitaria, y es la cuestión sobre quién toma las decisiones sobre el territorio; en ese sentido, la frase hace un llamado hacia la transformación, siendo que la gestión territorial desde lo comunitario propone entonces reconfigurar la relaciones en donde “la finalidad es la libertad del territorio, que gobernemos dentro de nuestro terruño” como dijo John5.

Otro aspecto clave a tener en cuenta es que reconocer el papel de las comunidades en la gestión territorial no implica idealizar ni romantizar todas las prácticas, siendo que, en los territorios, como en la vida misma, abundan tensiones, aprendizajes, contradicciones y transformaciones constantes. En ese sentido, la gestión comunitaria debe entenderse como un proceso vivo, en construcción permanente,  que se nutre de la experiencia colectiva y del aprendizaje que surge del diálogo, el ensayo y el error, configurándose como un ejercicio  político, en el que organizarse, deliberar y tomar decisiones para el colectivo son prácticas centrales.

En este camino, incluso cuando las prácticas comunitarias son sustentables, la gestión territorial comunitaria no debe reducirse únicamente a la manera en que los seres humanos usamos la naturaleza. Así, reconocer a la naturaleza como bien común implica ir más allá de su acceso, uso, distribución o de los beneficios que pueda generar, e incluso más allá de las formas de manejo.

Lo fundamental es no limitarla a su valor de uso, como si existiera solo en función de las necesidades humanas, en ese sentido, otro principio de la gestión territorial comunitaria debería estar relacionado con el reconocimiento que nuestras corporalidades, individuales y colectivas, habitan en la naturaleza y con ella, y que los territorios tienen identidades, tiempos y existencias propias.

Por supuesto, las Mil maneras del Buen Vivir no habitan en un sola historia, se expresan en caminos distintos y ritmos propios, en ese andar, y como parte de la construcción inicial de la campaña, cinco procesos comunitarios se han articulado a través de intercambios de saberes.

“El armadillo y la guacharaca,

están planeando subir, 

por allá por Santa Cruz, 

a ver las Mil maneras del Buen Vivir”6

Y es allá, en Santa Cruz de la Colina, vereda del municipio de Matanza (Santander), en donde nos encontramos con:

  • Colectivo de Reservas Campesinas y Comunitarias de Santander, conformado por alrededor de 60 reservas autodeclaradas y gestionadas por familias campesinas de los municipios de Bucaramanga, Floridablanca, Lebrija, Matanza y Suratá, del departamento de Santander, y ha sido apoyado por Fundaexpresión como articuladora de las diferentes etapas del Colectivo.
  • Finca Amazónica, ubicada en el departamento del Caquetá. Es un programa de la Vicaría del Sur, mediante la concepción de aula viva de experimentación y conocimiento, donde se articulan saberes científicos y populares en diálogo con la naturaleza del suelo amazónico. A través de procesos de educación popular ambiental, las familias campesinas se fortalecen como agentes de cambio y promueven transformaciones reales en los territorios que habitan. Estas transformaciones están ligadas a un cambio en la manera de entender la finca amazónica, transitando de modelos basados en amplias extensiones de pasto para la ganadería extensiva, hacia fincas diversificadas donde, a partir de prácticas agroecológicas, el guardianaje de semillas, la gestión de residuos orgánicos y otras tecnologías propias, las familias reverdecen sus parcelas.
  • Resguardo de Guambia del pueblo Misak, se encuentra ubicado en el municipio de Silvia en el departamento del Cauca; el origen del cuidado que este pueblo tiene sobre su territorio está profundamente enraizado en su cosmovisión «piurek», que significa «hijos del agua», en donde la vida se origina en el vientre de la Madre Tierra.Por ello, el agua, la tierra y todos los seres que habitan el territorio son considerados sagrados. Esta conexión espiritual y ancestral orienta una relación de respeto, reciprocidad y equilibrio con la naturaleza, siendo así, el cuidado del territorio más allá de una práctica, es una expresión concreta de sus autonomías, a través de las cuales ejercen el control de sus territorios, defienden la vida en todas sus formas y sostienen sus prácticas culturales, espirituales y organizativas.

Y así, después de intercambiar saberes, prácticas y esa “chispa de amor por la vida y la naturaleza” de la que habló Gustavo7, nos detuvimos a reflexionar colectivamente sobre el cuidado en el marco de la gestión territorial comunitaria y sobre las Mil maneras del Buen Vivir que se tejen, día a día, en los territorios a partir de estas formas comunitarias de gestión.

Como seguramente querrán conocer más sobre estos cinco procesos, les extendemos la invitación a ver los cinco episodios del videopodcast de la campaña Mil maneras del Buen Vivir, un espacio donde las y los protagonistas cuentan, con sus propias voces, cómo habitan y resisten en la cotidianidad, poniendo en práctica el Buen Vivir como una apuesta viva en sus territorios.

La responsabilidad del cuidado nos atraviesa a todas, todos y todes, y no se da exclusivamente en la ruralidad. Por eso hacemos la invitación a detenerse y reflexionar de qué forma el Buen Vivir se expresa, desde las particularidades sociales, culturales, territoriales, ecológicas y ecosistémicas

Existen Mil maneras del Buen Vivir en los territorios, ¿cuál es la suya? 

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  1.  Fernando Salazar. 2025. Campesino del Colectivo de Reservas Campesinas y Comunitarias de Santander.  En Intercambio Mil maneras del Buen Vivir. 14 al 17 de julio de 2025. Santa Cruz de la Colina (Santander). ↩︎
  2.  Con “Desarrollo” nos referimos al modelo de desarrollo del modelo económico capitalista y a la contradicción fundamental entre el desarrollo capitalista y la vida, que da origen a la crisis climática que nos está enviando de manera inexorable al colapso climático. 
    ↩︎
  3. Las estrategias de conservación promovidas por los Estados y los organismos internacionales, históricamente, se han centrado en la creación de áreas protegidas, como principal mecanismo para la preservación de la naturaleza; su origen se remonta hacia finales del siglo XIX, con la declaración del Parque Nacional Yellowstone en 1872, en Estados Unidos, considerado uno de los hitos fundacionales de la conservación estricta, que, según D’Amico (2015), respondió, en gran medida, a los intereses de las élites dominantes de la época, que impulsaban la idea de resguardar espacios concebidos como “naturaleza prístina” para su disfrute, contemplación e incluso para la práctica de la cacería.
    ↩︎
  4.  Brayan Cerquera. Líder técnico de la Finca Amazónica; En Intercambio Mil maneras del Buen Vivir. 14 al 17 de julio de 2025. Santa Cruz de la Colina
    ↩︎
  5. John Cerón. Integrante del Territorio Campesino Agroalimentario del Norte de Nariño y Sur del Cauca;  En Intercambio Mil maneras del Buen Vivir. 14 al 17 de julio de 2025. Santa Cruz de la Colina (Santander). ↩︎
  6.  Fernando Salazar. 2025. Campesino del Colectivo de Reservas Campesinas y Comunitarias de Santander.  En Intercambio Mil maneras del Buen Vivir. 14 al 17 de julio de 2025. Santa Cruz de la Colina (Santander). ↩︎
  7.  Gustavo Saavedra.  Campesino del Colectivo de Reservas Campesinas y Comunitarias de Santander.  En Intercambio Mil maneras del Buen Vivir. 14 al 17 de julio de 2025. Santa Cruz de la Colina ↩︎