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Agroecología campesina: tierra, agua y justicia para una transición desde los territorios

opinión Agroecología campesina: tierra, agua y justicia para una transición desde los territorios

En el Día del Campesinado, Censat Agua Viva reivindica la agroecología como una apuesta política para defender la tierra, cuidar el agua, fortalecer la soberanía alimentaria y construir transiciones justas desde los territorios.

Por: José R. Sánchez Gómez, Coordinador del Área de Agroecología y Ángela Henao, Coordinadora de Comunicaciones

La transición justa empieza en la tierra

Cada 4 de junio, Colombia reconoce el Día del Campesinado. Más que una fecha conmemorativa, este día abre una pregunta política de fondo: ¿qué lugar ocupa la vida campesina en las decisiones sobre la tierra, el agua, los alimentos y el futuro energético del país?

Desde Censat Agua Viva creemos que saldar la deuda histórica con el campesinado exige reconocer sus formas de organización, sus saberes y sus propuestas territoriales. La agroecología campesina no es una técnica aislada ni una alternativa menor frente a la crisis ambiental. Es una forma de vida, una práctica de defensa territorial y una ruta concreta para construir justicia ambiental.

En el Suroeste antioqueño, las Escuelas Campesinas Agroecológicas muestran que la reforma agraria se materializa cuando las comunidades fortalecen su arraigo, protegen las semillas, cuidan el agua, planifican sus fincas, intercambian saberes y deciden colectivamente sobre el territorio. Allí, la transición justa deja de ser un discurso abstracto y se convierte en una práctica cotidiana.

Agroecología, reforma agraria y defensa de los bienes comunes

Desde esta perspectiva, hablar de agroecología es hablar de reforma agraria, soberanía alimentaria, descarbonización de la agricultura y defensa de los bienes comunes. También es hablar de campesinas y campesinos que, en medio de la concentración de la tierra, el avance extractivo, la privatización de lo común y el abandono estatal, siguen sosteniendo la vida.

En Colombia, hablar de reforma agraria y de salida de los combustibles fósiles exige mirar primero los territorios donde se produce la vida: las fincas campesinas, las semillas, las aguas, los bosques, los circuitos económicos solidarios y las formas comunitarias de organización.

No hay transición justa sin justicia social, climática y territorial. Tampoco hay reforma agraria sin campesinado, ni soberanía alimentaria sin agroecología. Por eso, desde Censat Agua Viva reafirmamos nuestro compromiso con las comunidades y organizaciones que enfrentan conflictos territoriales y disputas por el control de los bienes comunes, aquello que sostiene la vida y que no debería convertirse en mercancía.

La agroecología no es una respuesta decorativa frente a la crisis ambiental. Es una propuesta política que conecta la reforma agraria, la soberanía alimentaria, la defensa del agua y la descarbonización de la agricultura. Allí donde las comunidades campesinas protegen semillas criollas y nativas, reducen la dependencia de insumos derivados del petróleo, cuidan los suelos y fortalecen sus formas organizativas, también están construyendo una transición justa desde abajo.

Escuelas Campesinas Agroecológicas: formación, monitoreo y organización

En el Suroeste antioqueño, las Escuelas de la Sustentabilidad y la Red de Escuelas Campesinas Agroecológicas, ECAs de Santa Bárbara, Valparaíso, Támesis y Caramanta, son espacios de formación, reflexión y acción colectiva. Allí se discuten las causas de la crisis que vivimos, se construyen principios agroecológicos, se intercambian técnicas y prácticas acordes con cada contexto y se analizan las realidades sociales y políticas del territorio.

Estas escuelas fortalecen el Monitoreo Ambiental Comunitario como herramienta de cuidado y decisión. A través de indicadores de manejo y sustentabilidad, las promotorías agroecológicas acompañan procesos finca a finca para valorar dimensiones sociales, ambientales, organizativas, políticas y económico productivas de los agroecosistemas. La finca campesina se consolida así como un primer espacio de ordenamiento territorial, desde la planificación predial agroecológica y el trabajo cotidiano de las familias.

En estos espacios también circulan semillas, saberes y sabores. La culinaria propia y la culinaria alternativa se convierten en expresión viva de la transición agroecológica. Y, sobre todo, se construyen rutas de incidencia política local, regional y nacional para la dignificación de la vida campesina.

Políticas públicas para que la agroecología llegue al territorio

Por eso, la agroecología requiere políticas públicas vivas, coordinación institucional, inversión, acompañamiento técnico y participación real. No basta con que existan instrumentos como la Política Pública de Agroecología, las políticas de semillas criollas y nativas, la política de Agricultura Campesina, Familiar, Étnica y Comunitaria, el Derecho Humano a la Alimentación y la Nutrición Adecuadas, la Ley de Gestión Comunitaria del Agua o el programa de Reforma Agraria. Es necesario que estos marcos lleguen al territorio, dialoguen entre sí y respondan a las prioridades de las comunidades.

Figuras como las Áreas de Protección para la Producción de Alimentos, APPAs, y la Zona de Reserva Temporal declarada en el Suroeste antioqueño representan una oportunidad para proteger la tierra productiva y el agua. Su implementación articulada puede contribuir al acceso efectivo a la tierra para el campesinado, fortalecer la gobernanza comunitaria del agua y consolidar procesos de transición agroecológica.

El agua como condición para la vida campesina

También es urgente avanzar en estudios técnicos que permitan caracterizar los acuíferos subterráneos que sustentan ecosistemas estratégicos como el Bosque Seco Tropical en el Suroeste antioqueño. Esta información es necesaria para prevenir que megaproyectos extractivos, como la minería de cobre impulsada por AngloGold Ashanti, comprometan las fuentes de agua que sostienen la vida en el territorio.

En el Día del Campesinado, esta editorial es también un llamado a reconocer que la justicia ambiental empieza por la tierra y por quienes la cuidan. Proteger la vida campesina implica garantizar acceso a la tierra, participación real, inversión pública, acompañamiento técnico, protección del agua, reconocimiento de los saberes propios y condiciones dignas para producir alimentos.

La agroecología campesina ya existe

La agroecología campesina ya existe. Está en las escuelas, en las fincas, en las semillas, en las cocinas, en los circuitos solidarios, en los acueductos comunitarios y en las asambleas donde las comunidades deciden cómo defender su territorio. La tarea del Estado y de la sociedad no es reemplazar esas apuestas, sino reconocerlas, protegerlas y aprender de ellas.

Porque saldar la deuda histórica con el campesinado no es un gesto simbólico. Es una condición para garantizar la vida, la justicia ambiental y el futuro del país.