Autor: Adrián Cárdenas Roa – adrian@lacreactiva.org

La Bogotá moderna y contemporánea es el producto de la superposición de una serie de crisis socio ambientales históricas que han definido su complejidad urbana.

*Artículo inédito, elaborado como coordinador de la Línea de Estudios Urbanos del Centro de Estudios Territorio y Ciudad.

La Bogotá moderna y contemporánea es el producto de la superposición de una serie de crisis socio ambientales históricas que han definido su complejidad urbana. Sin embargo, a pesar de la necesidad de relativizar el concepto de crisis urbana como vector del desarrollo local, se usará este concepto para iniciar la exposición de la tesis planteada: que cada crisis ha definido un nuevo rumbo en el desarrollo urbano y en la actualidad la dinámica de la ciudad mantiene este patrón. Para desarrollar esta idea se ha formulado un marco de análisis dialéctico, el cual plantea la comprensión de la ciudad como una relación contradictoria entre forma y contenido, antes que como un sistema (Lefebvre, 1983). Esta perspectiva busca abarcar la complejidad de la ciudad sin caer en el laberinto de los sistemas, dominante en el pensamiento científico. Un laberinto en el que hemos caído en el estudio, comprensión y administración de las ciudades actuales, dejando de lado lo importante: las personas y los seres vivos.

En segundo lugar, el planteamiento presentado a continuación no busca ser extensivo, sino formular una serie de ideas clave, producto de varios años de debate, activismo social, estudio y reflexión colectiva. Ideas que buscan un lugar propio para situarse como vector alternativo de transformación urbana y territorial que rompan con el retorno discursivo a la idea de crisis urbana sobre la que hemos proyectado nuestra «modelo» de ciudad. De esta forma, las ideas que se van a presentar se organizan en dos partes: una primera en la cual se expone de manera sintética el contexto urbano sobre el cual nos encontramos y su construcción histórica, y una segunda parte que expone las ideas fuerza para la cualificación de una agenda urbana con un enfoque socio ambiental transformador, y si se quiere, emancipador. De esta forma, se espera enriquecer la mirada desde y hacia esta ciudad de contradicciones indescifrables.

1. Contexto – ¿Cuál es la naturaleza de nuestra ciudad?

Bajo la perspectiva de una aproximación socio ambiental a la ciudad, esta pregunta tiene dos intensiones. Por una parte, busca que nos preguntemos el qué entendemos cuando hablamos de «naturaleza» en la ciudad, o en términos más convencionales el «medio ambiente» y su expresión concreta. Por otra parte, plantea la cuestión de la esencia misma de la ciudad, su «naturaleza» entendida en un sentido profundo. Sin pretender resolver de manera definitiva la pregunta, se presentan a continuación algunas ideas clave que buscan facilitar la compresión de nuestra ciudad.

1.1. La ciudad es una forma, la ciudad es un contenido

La ciudad es su forma y su contenido. Su expresión «formal» está definida por las infraestructuras que la componen, en el sentido amplio del concepto: calles, redes, equipamientos, parques, barrios. Esta dimensión de la ciudad ha sido comúnmente un problema asumido por investigadores y profesionales de disciplinas como la arquitectura, la ingeniería o el urbanismo. En este sentido, la ciudad adquiere su carácter en la medida que se encuentre dotada de las infraestructuras necesarias para funcionar y prestar los servicios urbanos básicos. Por otra parte, la ciudad es un contenido, en este sentido es todo el conjunto de actividades humanas y procesos «naturales» que se presentan al interior esa forma. Se trata de actividades económicas, culturales, sociales, políticas, así como de los procesos ecológicos y ambientales. Esta dimensión no formal de la ciudad ha sido comúnmente estudiada por investigadores y profesionales de las ciencias humanas, las ciencias económicas, las ciencias naturales o la ecología.

De esta forma, cuando se habla de Bogotá, o de cualquier otra ciudad, es necesario integrar ambas dimensiones y asumir las contradicciones que estas entrañan en su relación dialéctica y conflictiva. Las ciudades no pueden ser entendidas si se abordan como sistemas coherentes. En este sentido, ni la forma material es suficiente para explicar los contenidos sociales de una ciudad, ni estos contenidos son suficientes para dar cuenta de la forma urbana por sí mismos. O, en otras palabras, ni es exclusivamente a través de la intervención de la forma material que se van a resolver los conflictos sociales de la ciudad, ni es exclusivamente a través de la superación de los conflictos sociales que se puede solucionar las contradicciones materiales de la ciudad.

1.2. El inicio de la Bogotá moderna

Se puede afirmar que uno de los hechos históricos que detonaron la modernidad en Bogotá fue la crisis sanitaria que se presentó a inicios del siglo XX en la ciudad. La ciudad, que para finales del siglo XIX se expresaba en la ciudad colonial compacta, había acumulado durante décadas una gran cantidad de contradicciones sociales asociadas a su crecimiento y la densificación poblacional, sin que su dimensión formal resolviera los conflictos socio ambientales acumulados décadas antes.  Este contexto provocó la primera crisis del agua y sanitaria del siglo XX (Osorio Osorio, 2007, 2008) detonando la transformación moderna de la ciudad. Con la crisis sanitaria se iniciaron dos procesos urbanos que definieron el futuro de la ciudad. Un proceso asociado a la primera expansión urbana por fuera de la lógica compacta de la ciudad colonial y otro proceso asociado a la construcción de las primeras infraestructura modernas de acueducto y alcantarillado, así como de parques públicos y equipamientos en respuesta a la crisis.

Esta nueva lógica de desarrollo urbano adquiriría un carácter particular: la segregación socio espacial. Los grupos sociales con mayor capacidad económica se desplazarían sobre el eje norte entre Bogotá y Chapinero, con las mejores condiciones ambientales y de habitabilidad en la ciudad. Las clases trabajadoras comenzarían a desplazarse sobre el eje sur, sobre las tierras inundables de más fácil acceso económico. Este proceso se reforzó por las obras de infraestructura para la construcción de las represas en la cuenca media del río Tunjuelo que llevaron a la localización de una importante población trabajadora en las rutas de acceso a las obras (Zambrano Pantoja, 2004).

1.3. Las crisis socio ambientales no resueltas en Bogotá

Como se expuso, el primer proceso de expansión urbana y suburbana de Bogotá respondió en gran medida a la crisis sanitaria de inicios del siglo XX. Sin embargo, la nueva dinámica de la ciudad no resolvería la crisis acumulada décadas antes. Aunque no se trató de un ejercicio coherente y voluntario de planeación y segregación socio espacial por parte de la administración de la ciudad, se puede afirmar que los procesos urbanos desatados a partir de la década de 1930 respondieron a lo que se puede denominar como una «estrategia de clase». Mientras las élites se localizaban sobre el eje norte de la ciudad, y las infraestructuras les eran funcionales a su desarrollo urbano, las clases trabajadoras se localizaron sobre el eje del río Tunjuelo, con una alta fragilidad ambiental y territorial y sin el soporte de las infraestructuras urbanas funcionales a las élites. Los procesos de violencia política y económica agudizarían a partir de la década de 1950 esta lógica urbana de segregación y expulsión de población, lo que terminaría por configurar los futuros cordones de miseria de la ciudad. Para este momento, la modernidad de la ciudad se expresaba no solamente a partir de los grandes equipamientos y proyectos de infraestructura adelantados, como lo fueron las autopistas y los grandes equipamientos urbanos, sino también a partir de la consolidación de las periferias urbanas marginales del sur de la ciudad.

Es así como la crisis sanitaria no resuelta de inicios del siglo XX se trasladó a las nuevas barriadas populares de la cuenca del Tunjuelo. Los conflictos y la organización comunal por el acceso al agua generarían una gran cohesión social en estos nuevos desarrollos, configurando el importante movimiento comunal de finales de la década de 1970, movimiento que sin embargo no llegó a consolidar una agenda urbana que contrarrestara la estrategia de clase consolidada décadas atrás. De esta forma, en la medida en que las reivindicaciones puntuales por el acceso al agua y al alcantarillado eran alcanzadas, el movimiento comunal perdía su potencia original.

Finalmente, a mediados de la década de 1980 se configuró una nueva crisis urbana asociada a las basuras, que sería resuelta mediante la localización del botadero Doña Juana sobre la misma cuenca del Tunjuelo, consolidando de manera contundente el proceso de segregación socio espacial iniciado a principios de siglo, bajo un modelo urbano, social y ambiental abiertamente racista y excluyente, que mantiene su vigencia en la actualidad. Este modelo urbano se expresa en la actualidad bajo nuevas lógicas de producción espacial que requieren ser estudiadas, lógicas que se encuentran asociadas a un segundo nivel de conflictos socio ambientales, como se expone en la investigación adelantada recientemente sobre riesgos y procesos de reestructuración espacial en la cuenca urbana del río Tunjuelo (Cárdenas Roa, 2016).

De esta forma, se pueden identificar cuatro grandes conflictos socio ambientales históricos que han definido el modelo urbano actual, sin negar otros conflictos importantes en la ciudad:

  1. Los conflictos por el acceso al agua, y más recientemente por su contaminación y gestión.
  2. Los conflictos por el acceso al suelo, y más recientemente por su ocupación y uso.
  3. Los conflictos por la localización de la minería y las actividades extractivas y de alto impacto.
  4. Los conflictos por la disposición y la gestión de las basuras.

2. Nuevas narrativas urbanas

En los últimos años se ha reposicionado el problema urbano en los debates de los movimientos sociales locales y globales, después de más de dos décadas de abandono. La bandera por el derecho a la ciudad formulada por Lefebvre (1970) ha sido retomada por autores como David Harvey (2013) y Jordi Borja (2013), aun sin que se haya logrado un consenso frente a su uso y significado. En paralelo, la agenda urbana de los organizamos multilaterales se actualizó en el marco del Hábitat III, la cual si bien requiere una aproximación crítica, no niega los avances alcanzados por el pensamiento progresistas a nivel global frente al tema urbano (Nossa Agüero, 2017). En el marco de estos debates es necesario actualizar las narrativas urbanas que históricamente han dominado en los movimientos sociales urbanos, los cuales, si bien en sus prácticas contemporáneas han desarrollado estrategias potencialmente transformadoras de la ciudad y la realidad, en sus discursos no han logrado actualizar o trascender la agenda reivindicativa.

A continuación se presentan una serie de ideas fuerza que buscan enriquecer el debate actual del movimiento social, fundamentalmente desde el enfoque socio ambiental, las cuales hacen parte de las reflexiones y debates colectivos adelantados por los integrantes del Centro de Estudios Territorio y Ciudad en conjunto con diversas expresiones del movimiento social urbano.

2.1.  La ciudad son tres naturalezas

Cuando hablamos de la naturaleza de la ciudad y de sus conflictos no estamos hablando de una sola naturaleza. En las aproximaciones más comunes se pueden ubicar dos naturalezas. Por una parte se encuentra la naturaleza «primaria» u «original», la cual constituye el soporte de vida del conjunto de los seres vivos que habitamos los territorios, o entendida en otro sentido, aquella naturaleza no intervenida directamente por las actividades humanas. Por otra parte se ubica una «segunda naturaleza» asociada a la integración de los sistemas humanos y naturales, como lo son las áreas productivas del campo, o los parques y áreas verdes en las ciudades.

Sin embargo, existe una tercera naturaleza en proceso más reciente de formación, que podemos asociar a los «espacios residuales» producto de la explotación humana intensiva hasta el agotamiento. En territorios como la cuenca urbana del río Tunjuelo se puede ubicar una expresión significativa de esta naturaleza en la ciudad. Cada naturaleza tiene lógicas propias que no pueden ser extrapoladas y que exigen un abordaje particular para la superación de los conflictos socio ambientales contemporáneos: una visión integral exige la identificación y el desarrollo de estrategias orientadas a cada una de estas tres naturalezas.

2.2. Extractivismo urbano

El extractivismo urbano o expandido hace referencia a dinámicas económicas que se despliegan bajo una lógica extractiva de captura y extracción de valor del territorio. Comúnmente se asocia a las actividades mineras y extractivas en las ciudades o a los procesos de expulsión o «gentrificación» urbana. Sin embargo, el extractivismo urbano abarca otras expresiones como pueden ser:

  1. Los carteles y mafias transnacionales de infraestructura y servicios públicos y su expresión en procesos de corrupción y captura de recursos públicos.
  2. La financiarización de derechos sociales (salud, educación, ambiente, bienestar social), el acceso socialmente diferencial y la pérdida de acceso democrático a estos.
  3. La apropiación de suelos, subsidios y recursos públicos mediante los programas y proyectos de producción masiva y especulativa de vivienda.
  4. Las industrias urbanas excluyentes como el turismo o la seguridad privada.

La expansión de estas economías exige el desarrollo de agendas para su identificación y denuncia, así como para la formulación de estrategias de desarrollo alternativo, protección y conservación de valores territoriales expuestos a dinámicas extractivas.

2.3. Basura Cero

Durante la alcaldía de Gustavo Petro (2012-2015) en Bogotá, se presentó como uno de los programas bandera de la administración Distrital. Sin embargo, su desarrollo como política quedó limitado fundamentalmente a una estrategia de gestión de residuos sólidos, dejando de lado una aproximación integral al problema de la producción, consumo y desecho sistemático de productos bajo la lógica de producción capitalista. Una apuesta de Basura cero debería incluir otra serie de iniciativas que permitan la reducción del consumo como pueden ser:

  1. Sistemas de consumo colaborativo y economía compartida, mediante la constitución de redes cooperativas. En el hábitat popular esta es una estrategia que ha sido inherente a su desarrollo pero que se encuentra amenazada en la actualidad por la expansión de la lógica de mercado.
  2. Plataformas de comunicación y comercio de «código abierto» que permitan reposicionar la economía social y popular y que permita romper los monopolios de consumo conducido, acaparados por plataformas tecnológicas como Google y Facebook.
  3. Transición tecnológica «Low-Tech» que permitan romper con la dependencia a grandes infraestructuras y prestadores de servicios públicos y resolver a nivel domiciliario o comunal problemas como el de los residuos orgánicos.

2.4. Memoria ambiental

La memoria ambiental se configura en una estrategia fundamental para la superación de conflictos socio ambientales de base histórica, asumidos y naturalizados por parte de los grupos afectados. En este sentido es necesario hacer evidente aspectos como los siguientes:

  1. El desarrollo histórico desigual y los procesos de exclusión o racismo ambiental a los que se encuentran expuestos grandes grupos de las clases trabajadoras, fundamentalmente en las periferias urbanas.
  2. El pago de pasivos ambientales acumulados históricamente por industrias y actividades al servicio del conjunto de la sociedad, pero cuyos efectos o externalidades negativas han sido trasladados a grupos sociales específicos.

2.5. Renaturalización

La renaturalización es un concepto reciente asociado al posicionamiento de un nuevo paradigma de la relación entre el ser humano y la naturaleza. Implica la concepción de nuevas naturalezas que respondan a los procesos globales de mezcla de seres y culturas. Algunas apuestas son:

  1. El aumento de la biodiversidad urbana bien sea con especies locales o fóraneas, y la configuración de ecosistemas y/o hábitats «análogos».
  2. La consolidación de periferias y bordes urbanos de transición, ecotonos y espacios «rurbanos» que permitan la integración de espacios y hábitats naturales y humanos.
  3. El desarrollo de modelos de producción y agroecología urbana mediante la conservación y diversificación de semillas, y la transformación y diversificación del consumo de alimentos.
  4. La consolidación de propuestas de soberanía y autonomía hídrica, alimentaria y energética en torno a los espacios renaturalizados en el contexto urbano.

2.6. Gestión democrática del riesgo

El riesgo es una categoría en ascenso en los discursos y en los procesos de gestión urbana en la actualidad. En este sentido, las agendas por la adaptación y la mitigación del cambio climático, así como el concepto de resiliencia urbana dominan los discursos institucionalizados de los últimos años. Sin embargo, para superar las relaciones desiguales de riesgo que se han construido históricamente es necesario abordar por lo menos otro par de elementos, como son:

  1. El aumento de la incidencia local para la gestión del riesgo mediante el posicionamiento de los debates relacionados con la «atribución» del riesgo, es decir, el quién y el cómo se definen las situaciones de riesgo, y con la «distribución» del riesgo, entendiendo que los riesgos no pueden ser eliminados pero si distribuidos socialmente.
  2. La apropiación social de las nuevas espacialidades del riesgo, entendiendo esta espacialidad como parte integral de las nuevas estructuras y tejidos urbanos, fundamentalmente en los espacios de carácter marginal en la ciudad.

Referencias bibliográficas

Borja, J. (2013). Revolución urbana y derechos ciudadanos. Madrid, España: Alianza.

Cárdenas Roa, L. A. (2016). Riesgo y reestructuración espacial en la cuenca urbana del río Tunjuelo (Maestría). Universidad Nacional de Colombia. Facultad de Artes, Bogotá. Recuperado a partir de www.bdigital.unal.edu.co/54545/

Harvey, D. (2013). Ciudades rebeldes: Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. (J. M. Madariaga, Trad.). Madrid, España: Akal (primera edición en inglés 2012).

Lefebvre, H. (1970). El derecho a la ciudad. (J. González-Pueyo, Trad.). Barcelona, España: Península (primera edición en francés 1968).

Lefebvre, H. (1983). La revolución urbana. (M. Nolla, Trad.) (4.a ed.). Madrid, España: Alianza.

Nossa Agüero, S. (2017). Elementos novedosos de Hábitat 3: insumos para los movimientos sociales. Bitacora Urbano Territorial27(2), 11-18. https://doi.org/10.15446/bitacora.v27n2.64063

Osorio Osorio, J. A. (2007). El río Tunjuelo en la historia de Bogotá, 1900-1990. Bogotá, Colombia: Secretaría Distrital del Cultura.

Osorio Osorio, J. A. (2008). La historia del agua en Bogotá: Una exploración bibliográfica sobre la cuenca del río Tunjuelo. Memoria y Sociedad12(25), 107-116. https://doi.org/10.11144/8187

Zambrano Pantoja, F. (2004). Historia de la Localidad de Tunjuelito: El Poblamiento del Valle Medio del Río Tunjuelo. Bogotá, Colombia: Guadalupe.

Páginas Web

http://habitat3.org/

http://territorioyciudad.org/

Artículo tomado de: La Creactiva