Editoriales y opinión

¡En las calles la lucha es por la vida!

Jun 3, 2021 | Editorial – Otros temas de trabajo, Editoriales

Autor: Censat Agua viva

Autor: Censat Agua viva

El 5 de junio, día del medio ambiente, más de 250 procesos de defensa territorial y ambiental hemos decidido salir a la calle a ser la voz del agua, las montañas, los humedales, las ciénagas, los mares, el subsuelo y todos los seres que los habitan, a gritar y caminar para construir una forma distinta de pervivir en el mundo.

”¡¡¡Oyeeee mi querida Carmen, mi pueblo sí que anda mal. 
Por eso hoy está gritando,
hoy está gritando que no aguanta más!!!”

Así reza el coro de la marcha maciceña que cantan los campesinos y campesinas caucanas en sus eventos y que hoy resume un mes de dignidad de los pueblos en las calles. Mucha agua ha corrido por debajo del puente, cuando ríos de personas en todo el país están cantando, gritando, caminando decididamente por sus derechos y por una vida en la cual la educación, la salud y el alimento no sean un privilegio. En estos 30 días se han tumbado dos reformas gubernamentales, se ha obligado al cambio de dos ministros y, sobre todo, se ha comprobado que el poder de la gente crece conforme a su dignidad y que Colombia ya no aguanta más.

En medio de tanta alegría y esperanza hemos visto un número aún indeterminado de vidas apagadas por las crueles manos de la violencia estatal. En vivo y en directo desde cualquier lugar del mundo, las redes sociales han permitido ver las consecuencias de la desidia de un gobierno que tiene por política la muerte, la decisión de borrar y eliminar lo disidente, de silenciar lo que grita, de acallar cualquier gesto o palabra que suene a justicia y de reducir este levantamiento popular a un espectáculo denominado vandalismo, por sus medios de comunicación corporativos. Esa política de la muerte es la misma que ha matado ríos, montañas y selvas y también ha sido una de las razones para que los pueblos despierten y se muevan hace ya varios años.

La muerte lenta de la naturaleza ha sido ordenada por varios gobiernos coludidos con el capital trasnacional, estrangulándola con los extractivismos, la guerra, la deforestación, los monocultivos y la agroindustria. Esta muerte también ha despertado la dignidad de los pueblos que durante este mes han saltado a las calles para volver a gritar No al fracking, No al glifosato y Sí a la vida. Los ambientalismos populares que han venido hace años mostrando los impactos del modelo extractivista minero-energético y también construyendo a pulso un proceso popular que valora la vida como principio y fin de las acciones humanas, han sido protagonistas en varios de los territorios movilizados. Esto tiene que ver con que las luchas territoriales por el derecho al agua, a la autodeterminación, a la participación, al alimento, no son coyunturales ni obedecen a un estallido; por el contrario, los pueblos saben que el terricidio agenciado por el modelo económico neoliberal y corporativo es a mediano plazo el suicido de la humanidad y que su tarea es detener a toda costa que perdure y siga extendiéndose.

Las actuales movilizaciones en Puerto Wilches, escenario de uno de los primeros pilotos de fracking, han mostrado en las calles porqué este municipio a orillas del río Magdalena se opone a ser un experimento de explotación de yacimientos no convencionales y por qué en la coyuntura, y más allá de ella, la vida prima. En Ibagué y en Cajamarca, “la montaña rugió” el 14 de mayo honrando el paro nacional y, como ya es costumbre, la ciudad del ambientalismo popular, volvió a la marcha con un carnaval de cientos de manifestantes por la vida, el territorio y la democracia ambiental. Lo mismo ocurrió en Putumayo y Caquetá, donde las reivindicaciones destacaron consignas como No Redd y protección a los territorios.  Aunque lo que prima en los medios masivos de comunicación es una mirada trágica y tergiversada de lo que ocurre en las calles, el paro nacional en las regiones se pinta de muchos colores más allá de las consignas que lo detonaron: aunque en efecto la reforma tributaria fue la gota que llenó la copa, el descontento generalizado ha permitido la auto convocatoria, las consignas territoriales diversas, la asamblea, la montonera.

Los ecos del paro han empezado a dar frutos y se han hecho sentir en los perpetradores de este espectáculo de muerte, es decir en los dueños del capital. El 23 de mayo el Cerrejón tuvo que parar su operación debido al desabastecimiento de combustible, los bloqueos en la refinería de Barrancabermeja también significaron una alerta para el abastecimiento de combustible en el país, almacenes Éxito en cuyas instalaciones se presentaron enfrentamientos entre manifestantes y la Policía en Cali, también han sido expuestos por su colaboración en la criminalización de la protesta. Este es el gran valor de PARAR, porque en el paro se alinean las fuerzas, se unen las diversidades y también quedan en evidencia los verdaderos responsables de la situación del país, que sin duda es el Gobierno, pero también sus patrocinadores mediáticos, comerciales y sus fuerzas armadas.

Los ambientalismos en el paro han movido regionalmente la coyuntura, han ofrecido a la construcción de agendas de movilización miradas diversas y estructurantes para entender que este estallido que hace una pregunta por la vida, redirige la mirada hacia una transición sociocultural radical que desmonte el neoliberalismo como sistema que reproduce y multiplica las desigualdades y la muerte. El movimiento popular ahora protagonizado por las y los jóvenes que no tienen nada para perder y todo para conquistar, son conscientes que van por todo, y ese todo es un país con oportunidades, con equidad, con respeto por la vida, con justicia social y ambiental; reivindicaciones agitadas por los movimientos sociales hace décadas.

El 5 de junio, día del medio ambiente, más de 250 procesos de defensa territorial y ambiental hemos decidido salir a la calle a ser la voz del agua, las montañas, los humedales, las ciénagas, los mares, el subsuelo y todos los seres que los habitan, a gritar y caminar para construir una forma distinta de pervivir en el mundo.