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¡No Es El Clima, Es La Vida!

Feb 10, 2021 | Editoriales, Opinión - Energía y justicia temática

Autor: Javier De La Cuadra

La extracción de energía fósil (gas, petróleo y carbón) ha enriquecido a algunas compañías, personas y  países a costa de la destrucción de la naturaleza y la emisión de gases de efecto invernadero en todo el proceso de consumo global. La crisis climática es la consecuencia de este modelo.

Basado en la infografía: LA TRANSICIÓN AMBIENTAL

 

Hablemos de Energía… Desde la revolución industrial el planeta ha perdido el 85% de los humedales, el 37 % de los bosques y el 50% de los arrecifes de coral. A partir de la quema de carbón, gas y petróleo fue posible construir máquinas y así multiplicar por millones la producción de todas las cosas fabricadas para el consumo de la especie humana. En menos de 200 años nuestra forma de vida terminó dependiendo completamente de los combustibles fósiles. Pero ¿Cuál ha sido el costo de ese modelo de desarrollo?

El resultado es que hoy el planeta está al borde del colapso, hasta el punto de llevar el clima terrestre a una transformación extrema; tanto, que entre 2008 y 2016 hubo 21,8 millones nuevos desplazamientos internos a causa de catástrofes por fenómenos meteorológicos extremos, 9 de cada 10 personas respiran aire contaminado y más de 7 millones mueren anualmente por esta causa.

“La energía es un bien común no una mercancía”

La extracción de energía fósil (gas, petróleo y carbón) ha enriquecido a algunas compañías, personas y  países a costa de la destrucción de la naturaleza y la emisión de gases de efecto invernadero en todo el proceso de consumo global. La crisis climática es la consecuencia de este modelo. El ejemplo más claro es el uso del automóvil como medio de transporte, que mientras ocupa el 50% del espacio público para su uso, desaprovecha el 90% de la energía que se usa para su funcionamiento, al mismo tiempo que emite grandes cantidades de Co2 a la atmosfera. Pero ¿a quién le conviene el uso excesivo de automóviles? Pues a los países y Compañías que extraen y comercializan combustibles de origen fósil.

Seis empresas petroleras son las responsables del 71% del gas invernadero a nivel mundial. Todo por enriquecer cada vez más a los países que se autoproclaman como desarrollados y que curiosamente están ubicados en el norte global de la Tierra. Pues bien, resulta que una persona del norte global produce las mismas emisiones de CO2 que 75 personas del sur global del planeta. Si se sigue sosteniendo este modelo de desarrollo en 10 años podrían extinguirse el 33% de los animales, el 40% de los anfibios y el 10% de los insectos.

Y  ¿Qué podemos hacer para revertir el profundo daño causado por nuestra dependencia de la explotación de combustibles fósiles?

Si bien, es urgente dejar los hidrocarburos en el subsuelo, lo más importante es implementar cambios culturales que nos permitan relacionarnos con la naturaleza de una manera sustentable. Esto implica que la energía sea un bien común y no una mercancía. Para lograrlo es urgente un cambio en el modelo de desarrollo basado en el despilfarro de la energía y el consumo desmedido, en donde la prioridad de las compañías es la acumulación de riqueza.

Desde ya es una prioridad resistir al modelo económico y trabajar en cambios profundos para transformar nuestra relación con la energía y el consumo. Una transición ambiental para la reproducción de la vida ¿Has escuchado hablar de Justicia Climática, soberanía alimentaria y justicia hídrica? Son propuestas que buscan un modelo de vida en el que los hidrocarburos se quedan en el subsuelo y el agua, el alimento y la energía no son propiedad de las empresas, sino que están en manos de los pueblos; en donde la relación con el consumo es sustentable y en el que se usa la energía para la vida digna… Menos derroche significa más felicidad.

Y sin combustibles fósiles ¿de dónde proviene la energía sustentable? El Sol es nuestra fuente de energía, fluye por todas las cadenas de la vida y puede producir la energía suficiente para cubrir todos nuestros consumos indispensables. Pero nadie puede adueñarse de las energías renovables… nadie puede adueñarse del sol, ni del viento, ni la fuerza del mar, ni del agua. Por esto en el nuevo modelo para la vida la energía no la generan las compañías para luego venderla a los pueblos, sino que es producida por los pueblos para satisfacer el consumo local. Descentralizar la energía es democratizar la vida.

Y sin combustibles fósiles ¿cómo va a ser la movilidad? La movilidad sustentable busca pasar de una movilidad fósil individual a una movilidad renovable y compartida. En donde nos movemos en sistemas de transporte público basados en energías renovables y que no buscan el lucro sino una movilidad eficiente y limpia. Entonces, ¿se puede reemplazar el uso del automóvil de uso individual y pensar que se pueden tener autos, camiones, camionetas colectivas para el bien de la comunidad? La respuesta es sí. En un modelo sustentable de vida reducimos las distancias para conseguir todo lo que necesitamos en comercios de cercanía, donde no hay competencias de mercado sino intercambios justos. Entonces el automóvil comienza a ser reemplazado por cientos de bicicletas que viajan por los territorios. La bicicleta usa entre 50 y 80 veces menos energía que un auto para recorrer la misma distancia. Así es como todo está cerca, llegamos sin prisas y nos movemos sin desperdiciar energía.

“En el suelo la vida, en el subsuelo los hidrocarburos”

El alimento es la energía que nos mueve. Y sin combustibles fósiles ¿de dónde vienen los alimentos? Es la más fácil. Sembrando nuestros propios alimentos. Cambiar la producción de alimentos desde una práctica agroecológica es la respuesta a la agricultura intensiva, que usa demasiados agroquímicos y energía.

Los alimentos son energía del sol que mueve nuestros cuerpos y nos mantiene activos y sanos. Las huertas familiares o comunitarias pueden prescindir de agroquímicos y producir alimentos orgánicos y además permite el intercambio y rescate de semillas nativas de alimentos ricos en nutrientes. Hay que sembrar tanto en los campos como en las ciudades. En el modelo actual de desarrollo el uso de  la tierra está basado en el lucro y favorece a las industrias extractivas y a la deforestación. Actualmente el 70% de la población del mundo se alimenta de lo que produce la red Campesina Alimentaria, aunque solo tienen el 25% de la tierra cultivable.

“Agua, alimento y energía en manos de los pueblos”

¿Pero todo esto es posible? Ya está ocurriendo. Actualmente hay cientos de pueblos en el mundo que están implementando modelos descentralizados de energías renovables, programas de soberanía alimentaria, acueductos comunitarios, movilización sustentable y proyectos productivos que favorecen los intercambios justos por encima del lucro. Pueblos que han entendido que la vida sustentable nos hace más felices.

 

ESTE TEXTO FUE UN APORTE PARA LA CONSTRUCCIÓN DE ESTE VIDEO ANIMADO: