El desmantelamiento costa afuera, o cómo la industria de hidrocarburos no carga sus muertos
Es costumbre del capitalismo apoyarse en ficciones que poco tienen que ver con la realidad. Su baraja de fantasías es amplia: la mano invisible del mercado, el crecimiento infinito, el tecnooptimismo, la supremacía del ser humano sobre el resto de la naturaleza y, principalmente, la supuesta perpetuidad del sistema capitalista en sí. Esta negación de que el modelo económico vigente es finito en el tiempo, toma diferentes formas, pero una que comienza a asomarse en estos tiempos de transición, es el no pensar en el destino de toda la infraestructura que hoy sostiene este sistema, una vez termine su vida útil.
